Cecilia Castelli

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La raja del sistema

La raja del sistema

Anoche decidí quedarme en casa—como hace treinta y cinco años—y mirar un documental sobre las gimnastas en EE.UU. Siempre he sido muy deportista y por algún motivo cuando miro a las gimnastas en la barra alta, los caballetes o el piso siento que soy yo la que me gané el oro en las olimpíadas. Un misterio de transmigración actoral sin frontera.

Pero anoche el motivo de mi elección fue porque el polémico film se trataba de Larry Nassar: el doctor del equipo nacional de gimnastas norteamericanas. Un predador sexual con más de 177 abusos a niñas y adolescentes durante quince años. No voy a entrar en detalles con otro pedófilo más en nuestra linea de tiempo, solamente hago alusión de la barbarie del sistema educativo, político y social que lo apoyó durante casi dos décadas a este monstruo sin culpa ni castigo.

Durante todo el documental, las gimnastas informaban al equipo técnico y a los asistentes y directores que el doctor Nassar las abusaba sexualmente. Y todos ellos lo cubrían y pateaban la pelota para adelante—mujeres incluidas—.

Un plantel de académicos, directores técnicos y representantes legales de la universidad de Michigan, ocultaron estás violaciones por veinte años.

Y se preguntaran porque hago hincapié en esta atrocidad con todas las excentricidades que están sucediendo actualmente. Y la respuesta es muy simple: porque una sociedad que no cuida a nuestros hijos está condenada a la quiebra moral y espiritual de nuestra especie.

Y esto es exactamente lo que estamos viviendo, una camada de depredadores sexuales al poder, manipulando y estandarizando la invasión a nuestra privacidad, a nuestro cuerpo, dinero, etc.

Si por dos décadas estas chicas no pudieron hacer justicia cuando un solo miembro del staff de gimnastas las violaba, imagínense lo que está sucediendo a nivel global.

El encubrimiento de estas inhumanidades es lo que me preocupa, porque además de habitar un sistema corrupto, corremos el riesgo de que nuestro cuerpo sea de ellos. Pero lo que más me encoleriza es que la gente no haga nada al respecto, entregando lo poquito que nos queda para que sea completamente del estado y no nuestro.

Que la sociedad está estupidizada por el flúor, el alcohol, la comida chatarra y el consumo de medios masivos, ya lo sabemos. Pero que a la mayoría no les suene una campana interna de que algo huele raro me deja flipando a colores. No mantuvieron oxigenado ni el gen de la sobrevivencia. Es una película de ciencia ficción rodando sin prepuesto.

Todo está quebrado, desfasado, intermitente, alterado y sin timón y los esclavos durmientes siguen con las reglas impuestas por una caja televisiva pagada por los multimillonarios de los psicópatas, que son los que iniciaron los movimientos de tráfico infantil en primer lugar.

Los que inauguraron organizaciones de division de raza, religion, color y castas sociales. Los que nos quieren vacunar a todos para terminar de destrozar nuestro desarrollo cognitivo sin llevarnos a un campo de concentración para mantenernos.

No solo que no puedo soportar un imbécil más que me discuta sobre política sin fundamento, sino que tampoco puedo tolerar al inconsciente que vino a este mundo solo a beneficiarse, porque ellos también son parte del problema. Los grandes tomadores masivos de todo lo que está a su alcance para beneficiarse.

Dentro de mi círculo y afuera, declaro estas relaciones finalizadas hasta que pasen a otro plano y se reciclen solas. No puedo sostener a un ignorante más, ventilándose con mi paciencia hasta drenarme con sus demandas infantiles de que esperemos hasta que crezcan.

Esta gente es una maldita plaga, y nosotros también somos responsables de haber apadrinado a tanto idiota sin amor propio. Por buenos, sensibles y compasivos, estos chupadores energéticos siguen siendo parte del sistema que nos quiere hundir a todos.

Se terminó señores, estoy cabreada, irritada, lúcida y con muy poca tolerancia a nada que no venga del amor. El verdadero amor, no los puñeteros slogan de Yoga y las falsas promesas de egos quebrados y obsoletos.

Si me cruzo con un narcisista más que intrínsecamente está colaborando con este desmadre, lo aplastaré con mi silencio pidiéndole a Dios que me perdone por no haber nacido con la misericordia necesaria para soportar a un abusador del poder más.

Por un mundo libre de víctimas y soberbios.

Onward!

Ceci Castelli

www.cecicastelli.com


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