Cecilia Castelli

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Día internacional del pochoclo

Día internacional del pochoclo

Mañana es el día internacional del pochoclo, no voy a decir que esto último es una estrategia, pero de seguro que me sembró la duda.

Aficionada y vitalicia del maíz entre los dientes mejor que ese bowl de popcorn venga con guardaespaldas, ya que veinte mil tropas en Washington DC no amerita menos que una panzada de curiosidades a punto de estrellarse contra todas las ilusiones de ver a mucha gente presa—más que al pedófilo de Josecito dando un sermón por su computadora.

Vengo pateando el balde de la esperanza hace nueve meses, y entre los ayunos, los rezos, la escritura, el mantra, la meditación y el retorno del mesías, si esto no cambia puede que la que salga volando sea yo.

Que no cunda el pánico, me encuentro en Telegram y a la vuelta del Apocalipsis. Si destruyen la clase media me voy por el pantano y si me quieren llevar a un campo de concentración para covidiotas puede que se arme la gorda. No llegué a comprarme el treinta y ocho, pero tengo una lengua afilada que gatilla sin precaución, no servirá de mucho si los demócratas asumen, pero acá estoy, haciéndole frente al zurdaje, la desinformación, la era de acuario, Mercurio en Plutón, la laptop de

H u n t e r y los cuatrocientos veintinueve túneles subterráneos.

Malditos satánicos que aterrizaron en mi carta astral.

—Ceci, no podemos poner toda nuestra fe en un solo tipo, ¿en serio creés que el presidente va a salvar el mundo? Me dijo mi amigo Ricardo—desconfiado por naturaleza—.

¿Cómo respondo a esto? Qué se supone que tengo que hacer, ¿salir con mis recursos de pichi middle class a luchar contra una fuerza maligna que se ha apoderado del planeta? Me encantaría poder contestarle que sí, que mi nivel de meditación es de yogui Chennai y atravieso paredes con solo imaginarlo. Pero como el resto de los mortales, desafortunadamente utilizo solo el siete por ciento de mis capacidades psíquicas—ponele un ocho, el siete es para covidiotas—, entonces la cosa se pone medio chunga desde mi escritorio de la calle Chestnut cuando tengo que pelear contra la CIA, el FBI, el pentágono y los agentes de inteligencia secreta de los Estados Unidos. Un poder tan profundo como el Deep State solo puede ser desactivado con un ejercito, y con mi ahorros solo llego a un monoambiente en la calle Lombard.

Entiendo que el verdadero poder lo tiene el pueblo, pero está demasiado adoctrinado como para tomarse la píldora roja, y sinceramente a esta altura creo que hay que hacer una clensa y la vacuna ha sido el target perfecto para zombie de manual. El cementerio estará lleno de cadáveres con aluminio, pero a nosotros nos han hecho el favor, ya que por culpa de estos peones del estado estamos viviendo una dictadura.

Enfilados hacia el comunismo y con las manos engrasadas de la tercer ronda de pisingallo con manteca, nos espera un futuro acojonante. Lo digo con doble sentido, ya que nada puede ser tomado literal después de la cantidad de información que está circulando en las redes. Todo es verdad y todo es mentira, y no sabremos quién es el malo hasta la última escena. Que de por cierto, es irrelevante a la hora de pagar mis impuestos y elevar mi espíritu.

Pero como no seamos profetas del Nuevo testamento, hay que elegir de qué lado estamos, y yo estoy del lado de la constitución, esta que se están llevando puesta si seguimos tomando mate con bozal.

Dinamitando las fábricas de H i d r o x i c l o r o q u i n a, separando las letras para que no me censuren el texto, ignorando los efectos de la

I v e r m e c t i n a, el ibuprofeno, la vitamina D y el Zinc.

No van a generar una guerra, ya la estamos habitando, y es la de la luz contra la oscuridad. La de los zombies contra los despiertos, la de los barbijeados contra los no-barbijeados, la de los ateos contra los católicos.

Mientras tanto, las redes sociales y Jeff Bezos siguen juntándola en pala con nuestra contribución gratuita de fotos personales, graduación de nuestros hijos, resultados del Papanicolaou y videos de las vacaciones en islas Canarias. Lo que me da pie a decirles que pronto desapareceré de estas plataformas lapidarias para irme a otros sitios que coincidan más con mi personalidad: la libertad.

Donde puedo escribir: Mark Fuckenberg sin que me castiguen por tres días bajando mi página cómo si me estuvieran pagando un sueldo por solidarizarme con mis datos y que ellos existan.

Como soy una persona coherente, desapegada de la mirada externa y la estupidez social irremediable, los invito a que me sigan por otros caminos—menos contaminados y más equilibrados.

Un saludo a todos mis guerreros allá fuera.

Ceci Castelli

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