Cecilia Castelli

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Desinfectando ciclovías

Desinfectando ciclovías

Hace once meses que estoy arrancando carteles de “no salgas sin el trapo”, pegando panfletos informativos de las torres 5G, tomando C D S para desparasitarme del gen covidiota que plagó la city, y con los auriculares puestos las veinticuatro horas cancelando infiernos con bozal puesto. Intentando abanicarme con la estupidez quemando aceite hasta que un rayo catalizador los queme a todos con sus puñeteros distanciamientos sociales y alcoholes en gel.

Ok, tal vez estoy exagerando, ya que se ha producido una sinapsis neuronal y he dejado de registrar a los zombies cuando pasan a mi lado, tanto así, que hoy me llevé uno puesto con la bicicleta.

No me justifico, pero mi cabeza estaba en Miami, y ella: en el medio de la bicisenda mirando su celular con el barbijo puesto ignorando la realidad a 360 grados. Para cuando frené ya le había clavado el manubrio en el esófago dándole un cabezazo con el casco que aterrizó sobre su cráneo lleno de células sordas y manipulables.

Aterrada de tenerme cerca suyo sin la máscara, golpeada a cuarenta kms por hora y con un chichón en la frente, se alejó de mi persona gritándome que era un peligro. Que me iba a denunciar por no cumplir con las restricciones sociales.

Lentamente me bajé del rodado tirándolo en el pasto, me saqué los lentes de sol clavándole una esclerótica ensangrentada, respiré hondo para no destruirla con mi saliva llena de kerosene, y le dije:

—Señora, agradezca que está viva, porque en mi imaginación la atropellaba con un camión minero y usted fallecía, ¿pero sabe qué fue lo más irónico? Que su espíritu abandonaba su cuerpo feliz en búsqueda de una vida mejor. Piénselo, a lo mejor su hora está cerca y esta fue una advertencia.

Encolerizada empezó a gritarme mientras que el junco a nuestro alrededor se tapaba los oídos y de repente dejé de escucharla. Otra vez la sinapsis jugando a mi favor en un mute interminable. Observando una pantomima desoladora e hiperventilada por la ignorancia de haberse tragado un televisor prendido.

Quiero tener paciencia pero tengo aceptarlo, nací sin ella y esta gente no se la merece. No puedo seguir cambiando pañales en mi tiempo libre, llegó la hora de que vuelvan a sus raíces: el plano etéreo.

Lo siento, pero alguien tiene que hacer una clensa y probablemente empiece con mis relatos, termine con accidentes viales y trascienda la maldita línea kármica que estamos pagando todos por unos adictos a las órdenes externas.

Enchufé AC/DC “Whole Lotta Rosie” en mi hipotálamo, y me subí a mi cortadora de soja lista para despejar el terreno de cualquier peste que ataque mi visión periférica.

Cuando empezó toda esta decadencia gripal mi madre me dijo que no podía vivir peleándome con la gente, y tenía razón, he dejado de querer imponer mis investigaciones sobre el lóbulo frontal de los covidiotas, ahora los atropello directamente. Porque vamos zombies, si creen que un pedazo de tela los protege de un v i r u s mortal, de seguro que mi bicicleta podrá alterar cualquier evidencia científica que imponga algún tipo de violencia contra sus negaciones existenciales. Después de todo, si lo empírico les vale madre, no creo que la acción de golpearlos tenga mucho valor. Al menos no en la categoría judicial con la que me sentencian cuando carecen de criterio para todo lo demás.

¿Se aburrieron? Yo también. Esta noche parrillada de covidiotas con chimichurri y escabeche de zombie con diente de ajo a la provenzal.

Así los quiero ver, en las brasas y con el bozal en llamas para que ardan más rápido.

Si no le temen a la segunda dosis de la vacuna dudo que un poco de fuego en el trasero los asuste. Entre arder en el Sheol y padecer una epilepsia facial de por vida, seguramente harán la plancha en la camilla del dispensario y nos ahorrarán un dolor de cabeza a todos. O al menos a mí, que necesito que las siete trompetas del Apocalipsis dejen de sonar así puedo andar en bici y volver a la normalidad

¡Buen sábado para todos!

Ceci Castelli

www.cecicastelli.com



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